martes, 11 de diciembre de 2012

Llamémoslo aventuras inciertas.

Cómo explicar esas ganas de conocer mundo, esos pequeños detalle que sólo encuentras en los viajes, disfrutar del aire nuevo,ver nuevas caras, percibir olores diferentes, pararte en cada rincón a observarlo detenidamente hasta el punto de poder grabar esa imagen en tu mente para siempre, de hacer mil fotos ya no sólo a los lugares, a las plantas, a los animales sino a las personas que en ese momento te llaman la atención, disfrutar de tu soledad, sin prisas, incluso en un país en el que  tienen un idioma distinto, la gente es opuesta a la que sueles conocer, a tararear canciones sin que nadie piense que estás loco, poder entender lo que la gente dice, observar a los niños, las miradas entre los enamorados, entre madre e hijo, las bromas de un grupo de chicos jóvenes que tienen la edad que tú llegaste a tener,que no se preocupan por nada más que divertirse, contarse secretos,anécdotas, las cosas que les han ocurrido a lo largo del día. Salir con lo puesto, ir de fiesta, bailotear, hablar con quien te apetezca sin ningún propósito, reírse, pasar de bar en bar disimuladamente, dejando huella sabiendo que no volverás a ver a nadie de los presentes,y que pregunten ¿de dónde ha salido? o ¿dónde está?, llamando la atención pero de una forma discreta, intrigante,misteriosa, pero siempre sin dejar de ser tal y como eres.

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